códigos de milonga
códigos de milonga
Las milongas clásicas aun conservan los códigos de antaño - © El Barracas

En las clases de tango se aprenden figuras, formas de abrazarse y hasta ejercicios de técnica de equilibrio pero a la hora del baile lo que importa son los códigos. La milonga es el lugar donde se baila, donde se disfruta con el poco o mucho conocimiento que se tenga. Para evitar cualquier traspié es importante considerar algunas reglas que nos permitan ingresar en el mundo milonguero sin problema.

Lo primero a tener en cuenta es a que tipo de lugar vamos a asistir. En Buenos Aires la oferta es variada y las milongas clásicas aun conservan los códigos de antaño. La vestimenta es uno de los factores principales que predisponen a los futuros parteners.

El cabeceo es uno de los códigos que se conservan. Se lo reconoce como el método más cómodo para sacar a bailar. Con una mirada el hombre invita a la mujer, la cual asiente indicando al caballero su interes. En el caso de que ella no quiera bailar, simplemente evita la mirada y así el rechazo pasa desapercibido. La costumbre muestra al hombre como el encargado de esta tarea, pero en las milongas modernas muchas mujeres se animan a asumir este rol.

La ley primera: jamás sacarás a bailar a alguien que este sentado acompañado de su pareja. Aunque vayan a la milonga para bailar y parezca absurdo limitarse no se debe romper esta regla, excepto que alguno ya este bailando o con el permiso expreso del otro. En el caso de que ellos quieran bailar con otras personas deben sentarse separados. Solo así puede un milonguero saber que puede iniciar el ritual del cabeceo.

Una vez en la pista las parejas bailan en dirección contraria a las agujas del reloj y jamás se pasa a la pareja que baila delante. Es así como se ordena el sentido social. Por esta razón es que no se debe enseñar en las milongas. Detenerse para explicar alguna figura es propio de las prácticas o las clases. Como así también conviene evitar cualquier figura de escenario que pueda lastimar a otra pareja.

Las tandas son de cuatro o cinco tangos, milongas o vals y generalmente se separan con rock, salsa o folklore. Esto se utiliza para cambiar de pareja. El caballero acompaña a su pareja a la mesa y elige su próxima compañera. Puede que el señor proponga compartir una segunda tanda con intención de conquistarla y chamuyar entre tango y tango. Mientras que se baila no se habla, por eso los hombres aprovechan esos momentos para hablar con las chicas y quien dice, fuera de la milonga, puedan romper algunos códigos.
Efraín Dávila
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