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El abasto es un barrio tanguero por excelencia - © Cézaro De Luca

Carlos Gardel es el gran protagonista de la historia de este barrio porteño. No en vano lo llamaban el morocho del Abasto. En homenaje a él, las opciones que este barrio presenta al visitante son variadas y auténticas.

Este recorrido comienza desde el subte, donde la estación que desemboca en el paseo fue bautizada como Estación Carlos Gardel. Además de poder visitar la casa del cantante, los bares que frecuentaba y donde cantaba, en el Abasto se encuentra la casa donde nació Aníbal Troilo, uno de los mejores bandoneonístas y compositores de tango de la historia.

En la esquina donde comienza el pasaje Carlos Gardel, funciona hoy la tanguería homónima. Decorada al estilo francés ofrece un memorable show for export. Hace un siglo atrás este espacio era el preferido del morocho. Allí funcionaba El Viejo bar Chanta Cuatro, el cual era elegido por Gardel para cantar y trasnochar con amigos. En su homenaje hoy se realizan espectáculos callejeros de tango y folklore, en el pasaje peatonal.

Otra de las opciones para visitar en el Abasto son el Bar el Progreso, donde actuaron Tita Merello, Carlos Gardel y otras figuras tangueras. Este espacio aun conserva parte de su arquitectura original. Alejándose unas cuadras se encuentra el pasaje Zelaya, decorado con retratos y letras de cantante. El mismo desemboca en el Museo Casa Carlos Gardel, lugar en el que vivió desde 1927 hasta 1933, año en el que regresa a Francia.

Para finalizar el recorrido, el paseo del fileteado, ubicado entre las calles Anchorena y Jean Jaurís nos muestra un arte bien argentino. El fileteado nació en la Ciudad de Buenos Aires hacia fines del siglo XIX como un sencillo ornamento para embellecer camiones. Con el tiempo se transformó en un arte tan propio de esta ciudad, como en la música lo es su tango, con el que tiene un origen común y del cual se nutre.
Efraín Dávila
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